Despedidas

Una mirada que no sonríe,
que grita sin pronunciar palabra.
Unas manos que sólo claman
sostenerte de nuevo y rozar tu alma.

Unos labios que sólo desean
ser tu esclavo, caricias robadas.
Gotas doradas que caen y saltan,
sin aviso aparente desde tus entrañas.

Unos brazos que se envuelven
en el nudo de la vida que deriva
a un futuro que se escurre y encarece,
rebelde, un camino de perfume y espigas.

Allí va, allí viene. Una liebre, una ardilla.
Consentidos sin sentidos, girando las clavijas.
Entre tu casa y la mía. Vienen aires. Salen cierres.
Una puerta sin salida abierta a un mundo enteramente.

Un ciclo que no termina. Un silencio en una esquina.
Dos manos que se miran entre cadenas vestidas
de recuerdos e historias que van navegando solas
entre el olvido vivido de mil noches color rosa.

Una palabra maldita, una canción sin melodía,
un baile estático, un lienzo en blanco,
dos copas de vino entre dos dardos,
ahogando su despedida en un verso derramado.

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